La Intervención

El fin no es realizar un ensayo sobre el arte pop y su importancia en el mundo creativo desde la época de los 60, pero sí me parece pertinente comenzar con la viralización del mismo, un arte que en su inicio cuestionaba la cultura del consumismo y la masificación de las cosas comenzó a convertirse poco a poco en lo que tanto criticaba con intervenciones, performance, pinturas, collages, fotografías y demás expresiones artísticas. Es esta característica que adquirió el pop art por lo que hoy se nos permite tener exposiciones como la de Yayoi Kusama, que más que arte podría considerarla una excelente presentación del producto en el que se convirtió el pop art, después de ver esto sin duda las personas quedan más interesadas por el dichoso arte, y sus dichosos artistas, una buena forma de hacer mercadeo discreto. La viralización de la obra de Kusama es sorprendente, miles de personas han disfrutado de su exposición y han sido partícipes, así como ella lo deseaba, de sus alucinaciones; pero, cómo podríamos entender los montajes como sinónimos del visual merchandising, al menos en este caso, donde el pop art es un gran producto. Kusama ideó la forma perfecta de envolver al espectador en su propia alucinación, cada sala (room) no trata sobre la obra de la artista, su desarrollo como una, su historia o sus exposiciones; tratan sobre alterar al propio visitante, hacerlo parte y esencia de la obra. El cuarto no existe y no tiene sentido si no hay un sujeto que se adentre para proyectar su imagen en los espejos, es él quien constituye la obra, pues así como Kusama se sintió ahí dentro es lo que deberás sentir, o al menos imaginar, la propia artista admite que ella es la “gran sacerdotisa que ha venido a limpiar a la humanidad a través de la proyección de sus puntos”, al final lo que quiere intervenir no es un cuarto, sino al sujeto que habita el cuarto. Y es así como el sujeto se siente importante, porque está viviendo lo que Yayoi quería enseñarle, pretende entender lo que es la alucinación ajena y se siente más cercano a ella, la identificación es el punto clave y Kusama lo sabe. Logra manipular a su antojo al espectador, logra lo que tanto buscaba “estar en todas partes y en ninguna a la vez, ser el centro de atención y desaparecer por completo”, en cada sujeto ella se replica hasta el infinito, “limpia a la humanidad” a través de la intervención. No conforme con esto, se tiene que demostrar que el sujeto ha entendido el punto de la visita, que ha convertido las alucinaciones ajenas en propias, y como examen requisito de graduación el visitante debe hacer su propia intervención. Es el turno de que el sujeto interactúe y se convierta en artista, como stand publicitario, es hora de ser marca, es tiempo de erradicar las habitaciones en blanco y sea parte del arte pop, parte de un producto; al menos aquí al final del recorrido terminas siendo una obra pop, artista y comprador.

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